Profesor de Nuevo Testamento
en la Church Divinity School of the Pacific
Berkeley, California (EUA)
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I - Introducción III - ¿Crea Génesis 2:24 una ley? IV - ¿Establecen los relatos de la creación en Génesis un modelo para toda vida humana? V - ¿Podría Génesis 2 aportar algo más positivo a la discusión? |
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Introducción La Interpretación "Creacionista": ¿Nos ha creado Dios para que seamos monógamos heterosexuales a perpetuidad? Para comenzar, el primer relato de la creación en Génesis (cap. 1) afirma que los dos sexos, macho y hembra, son como algo dado y básico para la humanidad. Ambos estaban presentes desde el comienzo y ambos reflejan la imagen de Dios (Génesis 1:27-28). Después de haber creado los dos sexos, Dios les ordena ser fecundos y multiplicarse, llenar la tierra y someterla. De este modo el primer relato de la creación vincula estrechamente la existencia de los dos sexos junto con la necesidad de la reproducción humana--una necesidad de la cual las sociedades antiguas, con sus altas tasas de nivel de mortalidad, eran muy conscientes. Este primer relato de la creación nunca sugiere otro propósito para el sexo que no sea la reproducción, tampoco dice nada sobre precondiciones legales o morales para la reproducción, tales como el matrimonio. Eso es todo lo que el primer relato de la creación dice sobre sexo. El segundo relato de la creación en Génesis (cap. 2) era originalmente independiente del primero. Cuenta como Dios creó a Adán (en hebreo "ser humano") del polvo, insuflándole vida, y poniéndolo en el jardín del Edén. Luego va a decirnos que Dios reconoció la necesidad de Adán de ayuda o compañía (2:18) y creó a los animales en un esfuerzo por suplirla. Sin embargo los animales no eran adecuados para este propósito, y entonces Dios puso a Adán a dormir, tomó una costilla de su costado, y formó de ella a la primera mujer. Esto parece implicar que Adán era varón. (Aunque algunos lectores antiguos creyeron que Adán era andrógino antes de su operación, la tendencia dominante de interpretación, como lo ejemplifica Pablo in 1 Corintios 11:7-9, era que el primer ser humano era un varón aislado.) Entonces, cuando Dios buscó encontrar para Adán una ayudante/compañera singularmente apropiada, creó Dios a la primera mujer como complemento del primer hombre. Esto a su vez sentó un modelo para el futuro: "Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne" (Génesis 2:24, BJ). Esto, arguyen los intérpretes "creacionistas", establece una regla universal para el comportamiento sexual humano. El sexo existe como motivo del compañerismo tanto como de la reproducción; y, en ambos aspectos, "funciona" sólo en virtud de cierta complementariedad entre el varón y la mujer. Algunos aún ven aquí una prescripción detallada para el matrimonio cristiano de hoy. Sostienen que las singulares palabras (un hombre…su esposa, o, más literalmente, su mujer), implican una unión monogámica, que "dejar padre y madre" implica algún tipo de ceremonia pública precediéndola, que el verbo "se une" implica una conexión perpetua, "ser una sola carne" se refiere al requisito de la unión sexual para consumar el matrimonio. Además de eso sostienen que el modelo así establecido es exclusivo y que ningún otro modelo es "natural" o moralmente aceptable. El modelo, en otras palabras, es una ley. Una consecuencia de este argumento es que las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo sean vistas como inmorales. ¿Hasta dónde es creíble esta interpretación "creacionista"? ¿Crea Génesis 2:24 una ley? Los intérpretes creacionistas nos dicen que Génesis 2:24 es, en efecto, un mandamiento. Esa es una lectura posible del versículo. El verbo básico, en hebreo, está en imperfecto, un tiempo que a veces se traduce como futuro y que a veces es usado para dar ordenes--tales como "no matarás" o "no cometerás adulterio". Por otro lado el imperfecto podría significar también otras cosas. Puede describir una acción repetida o habitual, por ejemplo. Los traductores de la Biblia de Jerusalén (que no estaban particularmente bien dispuestos hacia la gente gay o lesbiana) entendieron el versículo no como un mandamiento, sino como una descripción de la manera en que usualmente se dan las cosas en la sociedad humana. Tradujeron esto, como es perfectamente legítimo, con verbos en tiempo presente: el hombre deja a sus padres y se une a su mujer y se hacen una sola carne. Los traductores sin duda eligieron esta traducción por varias razones, pero la obvia es que encaja mejor en el contexto. Es bastante común en estos primeros capítulos de Génesis encontrar "relatos etiológicos"-- relatos sobre cómo las cosas llegaron a ser como son. ¿Por qué los muchachos, que son tan dependientes de sus padres durante su crecimiento, llegan a ser hombres y se interesan por las mujeres (como la gran mayoría lo hace) y, eventualmente, forman su propio hogar? Porque, en el principio, la mujer fue sacada del hombre y el hombre ha querido tenerla nuevamente consigo desde entonces. Tal historia presupone que el vínculo heterosexual es el modelo usual, pero no rechaza, sin embargo, otras posibilidades. Es bastante fácil tomar un modelo como "normal" sin presuponer que cada desviación de él sea intrínsecamente errónea. De hecho el antónimo normal de "normal" es "inusual", no "pecaminoso". Yo podría suponer que la educación universitaria es la norma para los adultos jóvenes en mi familia, pero no podría ver como inmoral el que uno de ellos quiera seguir otro tipo de vida y haya tomado maduramente la decisión de no asistir a la universidad. La identificación con una norma implica la designación de otro comportamiento como inusual, pero no necesariamente como inmoral. No tenemos indicaciones certeras de que era lo que el autor de Génesis 2 tenía en mente. El texto en si es ambiguo. Sin embargo, es mucho más simple interpretar el texto como un relato etiológico que sostener que forma parte de un complejo juego de instrucciones morales deliberadamente oscuras. Pero quizás haya algo más profundo aquí. ¿Establecen los relatos de la creación en Génesis un modelo para toda vida humana? ¿Deberíamos esperar que los relatos de la creación de Génesis nos ofrecieran un tipo de modelo ideal para la vida humana? ¿Es un error para la humanidad variar este modelo? ¿Era la intención de Dios que permaneciéramos exactamente como nos había creado? Los teólogos "creacionistas" piensan que debemos leer Génesis 1 y 2 como el establecimiento de los principios fundamentales de moralidad para todas las personas en todos los tiempos. Si efectivamente leyéramos Génesis de ese modo, ¿qué tipo de moral nos daría tal lectura? Si queremos leer los relatos de la creación de ese modo, debemos leerlos en su totalidad. No podemos argumentar consistentemente que 2:24 establece una ley obligatoria universal sin sostener que estos dos capítulos en su totalidad tienen el mismo valor. Por el contrario, nos abriríamos a la acusación de funcionar con un método de "textos de prueba" (rebuscando entre los textos hasta encontrar uno que parezca fundamentar nuestros preconceptos). Quizás la gente lee 2:24 del modo creacionista sólo porque está habituada a creer que el prohibición debe estar fundada en las Escrituras y éste parece ser el lugar más adecuado. (Aún los autores más conservadores admiten que el relato de Sodoma, y las varias otras referencias, reales o aparentes, a la homosexualidad, que hay en las Escrituras, son en su mayoría inconvincentes con respecto a las perspectivas modernas). Hagamos la prueba de leer la totalidad de Génesis 1 y 2 del mismo modo que nuestros intérpretes "creacionistas" han leído 2:24. Podemos tratar a cada indicación del modelo original de la creación como establecedor de un imperativo ético y diseñar de allí una ética para la vida humana vivida de acuerdo a los relatos de la creación. Este tratado no ofrece espacio para una exégesis detallada; pero una lista fortuita, con los números de los versículos adjuntos, nos proporcionará un cuadro de la vida humana tal como era, de acuerdo a Génesis, en el amanecer del mundo: estábamos desnudos y no nos avergonzábamos (2:25)Dado que todos estos aspectos son igualmente parte de la creación original de la humanidad, una ética consistente, basada en el relato de la creación en sí, sin otros preconceptos, debe incluirlos a todos. ¿Nos ofrece esto efectivamente una ética que pueda ser tomada seriamente? Muchos de nosotros responderían probablemente que "no" sin pensarlo demasiado--pero ¿por qué? ¿En qué difiere, en los términos de Génesis 1-2, el comer carne, o el usar ropas, del involucrarse en actos sexuales con personas del mismo sexo? Todos son, igualmente, una variación del orden creado. Muchos cristianos de la antigüedad y del medioevo habrían visto a la desnudez y al vegetarianismo como los elementos de peso realmente significativos en el cuadro. Al recordar la vida de los santos, particularmente la de los grandes eremitas del desierto, se nos cuenta como los eremitas vivían nada más que de granos tostados. Nos cuentan que los primeros santos se habían alejado de la humanidad por tanto tiempo que sus vestidos estaban hechos jirones, no teniendo otra cosa para cubrirse que no fueran sus largos cabellos o sus barbas. Nos cuentan su amistad con las bestias salvajes, que llegaron a ser asistentes de los santos. Una ética cristiana que valorice sobre todo la simplicidad, la desnudez y la amistad con el mundo natural podría ser altamente recomendable--¡al menos en los climas cálidos! Sin embargo, los intérpretes que ven en Génesis una prohibición de la homosexualidad no parecen tomar estos otros aspectos de la creación con la misma seriedad. ¿Por qué? Podrían argüir que algunos de esos elementos en el orden original de la creación fueron específicamente revertidos en la Biblia misma. Dios hizo vestidos para Adán y Eva luego de la caída (Génesis 3:21). Dios le permitió a Noé y a sus descendientes comer carne con la especificación de que no consumieran sangre (Génesis 9:3-4). Dios creó enemistad entre nosotros y al menos un tipo de animal (las serpientes, Génesis 3:15). Además, Dios personalmente destruyó la original unidad del lenguaje humano (Génesis 11:1-9). Además, en el Nuevo Testamento, Jesús era aparentemente célibe, violando de esta manera el mandamiento de multiplicarse y casarse; y Pablo, con su propia autoridad, animaba a los cristianos a permanecer solteros (1 Corintios 7:8-9, 36-38). Se podría llegar a la conclusión de que todas estas desviaciones del orden natural de la creación fueron más o menos autorizadas. Aún así, ellas demuestran con bastante claridad que la humanidad siguió siendo la humanidad, aún después de las mayores desviaciones de lo que el relato de la creación describe como la intención original de Dios. Estos desvíos no son intrínsecamente ni un error, ni una inmoralidad, ni un pecado. El uso de ropa no es contrario a la ética. (Algunos cristianos, de hecho, ven a nuestra original y creada desnudez como algo inmoral.) La multiplicidad de los idiomas humanos podrá ser inconveniente y problemática, pero no es inmoral. No somos en absoluto culpables si algunos animales salvajes nos son hostiles. Y la mayoría de los cristianos en el occidente moderno llegan a la conclusión, a pesar de lo que las jerarquías eclesiásticas pudieran decir, que el mandamiento de multiplicarse es un área donde debemos ejercitar nuestro sabio entender. Divergir del orden de nuestra creación, como nos es dada en Génesis, no es intrínsecamente pecaminoso. Efectivamente, uno podría muy bien pasarse la vida como un exterminador de ratas bilingüe, totalmente vestido y con no más de dos hijos, sin incurrir por ello en ningún tipo de culpabilidad moral. Quizás un "creacionista" podría todavía afirmar así: la creación original fue, en efecto, sujeta a modificaciones y excepciones, pero sólo dentro de las mismas Escrituras. Dios o un apóstol inspirado podría modificarla. Pero una vez que el canon de las Escrituras estuvo completo no fueron posibles más modificaciones. Al no haber ninguna autoridad en las Escrituras que específicamente ordene las relaciones homosexuales, debemos suponer que ese aspecto del orden original creado aún sigue vigente. Tal argumento podría ser de peso si sus exponentes lo sostuvieran consistentemente; pero de hecho ningún cristiano de las "denominaciones históricas" lo hace. Existe al menos un elemento en el orden original de la creación, como es dado en Génesis 1-2, que no ha sido revocado en ninguna parte de las Escrituras, pero que la mayoría de los cristianos, sin embargo, ignoran totalmente--la institución del sábado. El sábado es el período de 24 horas desde la puesta del sol del viernes hasta la puesta del sol del sábado que Dios consagró en memoria de su propio descanso en la labor creativa (Génesis 2:3). No es por la autoridad de las Escrituras, sino por el uso extendido (comúnmente llamado "tradición"), que los cristianos dejaron de observar el sábado. (Algunos lo observan el domingo; pero, por supuesto, no cumplen con el mandamiento real.) Es difícil aceptar que un cristiano que no observa el sábado pueda sostener que los otros elementos del relato de la creación deben permanecer como reglas morales absolutas e inalterables. Aún sin la garantía específica de las Escrituras, los cristianos son libres de desarrollar y cambiar apropiadamente la forma como ellos viven el evangelio. Si el orden original de la creación, como es fundamentado en Génesis 1-2, es realmente la base de la moralidad cristiana, entonces debemos ser consistentes en la manera de interpretar estos capítulos. El argumento "creacionista" contra la homosexualidad cae a tierra porque sus exponentes fallan en este examen. En cambio, ellos tomaron y escogieron que elementos de la creación habrían de tener en cuenta y cuales ignorarían. Si esperan persuadir a otros, deberían ser más consistentes y fieles en su uso de la Biblia. La falla de la interpretación "creacionista", sin embargo, no significa que Génesis no tenga que agregar nada provechoso a nuestra discusión. ¿Podría Génesis 2 aportar algo más positivo a la discusión? Génesis 2 delimita enfáticamente entre la necesidad humana de compañía y la creación divina del sexo. Nos cuenta que Dios creó a la mujer en respuesta a la necesidad de compañía de Adán. A diferencia de Génesis 1, Génesis 2 no hace ninguna referencia al sexo como medio de propagación para la familia humana. Realmente, no parece estar pensando en la familia, sino sólo en la pareja sexual. Al hacer hincapié en la pareja, ¿significa que Génesis 2 restringe toda compañía humana a la relación sexual de marido y esposa? Una lectura estrictamente "creacionista" de Génesis 2 podría probablemente decir eso--puesto que allí no se menciona ningún otro tipo de compañía humana. No obstante, en todo el mundo, vemos que la compañía humana, sexual y asexual, forma parte de la riqueza esencial de la existencia de la humanidad. Hombres se hacen amigos de hombres. Mujeres se hacen amigas de mujeres. Hombres y mujeres se hacen amigos entre sí. Esta experiencia de compañía es compartida por personas heterosexuales y homosexuales. La relación sexual es simplemente la pieza central de la compañía humana. Esto es posible gracias a nuestro deseo erótico por la otra persona--el deseo que Génesis 2 describe tan bien al decir que lo amado nos parece una parte perdida de nosotros mismos. Esto es algo que conocemos desde nuestra propia experiencia. Una persona heterosexual siente este deseo por alguien del sexo opuesto, una persona homosexual por alguien de su mismo sexo. Pero se trata de la misma eroticidad en cada caso y brinda la misma riqueza de posibilidades de la compañía humana. Génesis 2 está diciéndonos no que la heterosexualidad es esencial al ser humano, sino que la sexualidad lo es. Y nos lo presenta no como una ley, sino como buenas nuevas acerca de la generosidad de Dios en la creación. El testimonio de los hombres gay y de las lesbianas, y los estudios científicos sobre ellos, concuerdan en que su atracción por las personas de su mismo sexo está profundamente arraigada. A pesar de las nunca confirmadas afirmaciones de los, por así llamarlos, milagreros, esto no es reversible. En este y en otros aspectos es muy parecida a la heterosexualidad. Comparadas las similitudes, la diferencia entre las dos es mínima. La mayoría de los psicólogos, hace ya un tiempo considerable, dejaron de ver a la homosexualidad como una enfermedad. Las personas homosexuales no son menos saludables que las otras; sólo están orientadas, eróticamente, de un modo que las incluye como una minoría de la raza humana. Los etologistas (estudiosos del comportamiento animal) han documentado comportamiento homosexual en muchas diferentes especies. Esto sugiere que la homosexualidad es un aspecto normal del mundo natural. La antropología cultural ha demostrado que las sociedades humanas han entendido la homosexualidad de gran variedad de maneras, y esto sugiere que biológicamente, es un hecho dado, esparcido entre los seres humanos que ha sido y puede ser interpretado o "construido" en una múltiple variedad de formas. (Que pueda ser "construido" no implica necesariamente que sea completamente maleable ni siquiera que tales culturas tomen decisiones conscientes y deliberadas acerca de aspectos tan fundamentales.) En otras palabras, las ciencias nos indican que la homosexualidad es simplemente una parte del mundo que conocemos--ni buena ni mala en si misma, pero sí una prominente e insoslayable realidad. Este mundo que conocemos es el que Génesis 1-2 nos dice que Dios creó. Lo que tienen que decir acerca de este mundo es, por encima de todo, que proviene de Dios. Dios es el creador de este mundo en el cual vivimos y de nosotros que estamos en él. Deberíamos, sin embargo, prestarle más atención a esto, a admirarlo y proclamar sus excelencias (en agradecimiento al Creador, si no por otras razones), a aprender de él y regocijarnos en él. Las personas homosexuales son parte de esa creación tan auténticamente como las heterosexuales. La voluntad de Dios para ambas es la misma, que como seres humanos gocen de la compañía de otros seres humanos. De acuerdo a Génesis 2, la compañía sexual es y debería ser una parte significante de esto. Homosexualidad --¿Un bien o un mal? Como hemos visto, algunos intérpretes sostienen que Génesis 2:24 prohibe o condena la orientación homosexual o las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. He demostrado aquí que su interpretación "creacionista" es improbable e inconsistente. En otra parte he demostrado que las Escrituras cristianas, tomadas en su totalidad, no ven a la homosexualidad como algo intrínsecamente pecaminoso. (L. William Countryman, Dirt, Greed and Sex - Sexual Ethics in the New Testament and Their Implications for Today. Philadelphia (EUA): Fortress Press, 1988.) Pero si la homosexualidad no es necesariamente pecaminosa, ¿significa esto que es necesariamente buena? En cierto sentido sí. Dios dijo que toda la creación era buena, incluyendo su aspecto sexual. La homosexualidad es en realidad buena en el mismo sentido en que toda sexualidad es buena. Es uno de los profundos dones con que Dios nos dotó desde el principio. Es el don de deleitarnos, de maravillarnos, de conectarnos uno con otro, el don de trascender, el don de humanidad. Imaginen una especie similar a la nuestra en inteligencia, destreza e inventiva, pero diferente a nosotros en ese aspecto: ¿podría tal especie no sexual ser humana--o algo que se aproxime al ser humano? En el sentido ético, los actos sexuales entre personas del mismo sexo no son buenos ni malos en sí mismos. Se vuelven buenos o malos en términos del contexto y del espíritu que los anima. Jesús estableció sólo dos principios fundamentales de moralidad; ambos involucraban al amor. Hemos de amar a Dios con todo nuestro ser, y hemos de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Todas las demás leyes, más detalladas o específicas, dependen de estos dos mandamientos. Si no lo hacen no poseen real autoridad. Los actos sexuales, homosexuales o heterosexuales, son buenos cuando están unidos al amor por Dios, por nosotros mismos y por nuestro prójimo: no sólo por el "prójimo" con el que compartimos la cama, sino por todos que se comprometen realmente en tales actos. Son malos cuando violan estos criterios--cuando ellos implican que alguien, Ud. o su pareja o cualquier otro individuo, no tenga real importancia, o cuando sustituyen el amor de Dios por algún otro valor, tal como el "éxito" sexual, la gratificación o la seguridad. El arte cristiano de amar se regocija en la igualdad de sus componentes, y anima la confianza no sólo de un individuo hacia otro sino a lo largo del mundo del que forman parte. El arte cristiano de amar disfruta honestamente de la sexualidad y de la forma de adorar a Dios. Si la sexualidad es realmente, como sostiene Génesis 2, un elemento clave del trabajo de Dios en nosotros, gozar de ella con amor es alabar y servir a Dios. Homosexual o heterosexual, si Ud. está buscando una aproximación a la moralidad sexual basada auténticamente en la creación, nada puede ser más bíblico que esto: goce de los dones que le han sido dados con amor, y agradezca al Creador por su gran bondad y con un amor que lo incluya a Ud. y, de la misma manera, a su prójimo. Eso será suficiente. Este manuscrito fue publicado originalmente en inglés por Integrity, una organización para la gente gay/lésbica Episcopal (Anglicana) en los Estados Unidos de América. Fue traducido al español por Otras Ovejas. Para regresar a la página principal, haz clic en ¿Gay y cristiano? ¡Sí!. |